El antídoto del tablero: por qué el ajedrez puede ser una herramienta contra la dispersión digital
Notificaciones, videos breves, recompensas inmediatas, desplazamiento infinito de contenidos y aplicaciones que compiten permanentemente por unos segundos más de nuestra concentración. En este contexto, docentes y familias se enfrentan a una pregunta cada vez más frecuente: ¿cómo ayudamos a los niños a desarrollar la capacidad de detenerse, concentrarse y perseverar cuando una tarea se vuelve difícil?
EDUCACIÓN
Ajedrez Urbano
9/25/20269 min read


El antídoto del tablero: por qué el ajedrez puede ser una herramienta contra la dispersión digital
Vivimos rodeados de estímulos diseñados para captar nuestra atención.
Notificaciones, videos breves, recompensas inmediatas, desplazamiento infinito de contenidos y aplicaciones que compiten permanentemente por unos segundos más de nuestra concentración. En este contexto, docentes y familias se enfrentan a una pregunta cada vez más frecuente: ¿cómo ayudamos a los niños a desarrollar la capacidad de detenerse, concentrarse y perseverar cuando una tarea se vuelve difícil?
No existe una solución mágica para este desafío. Pero hay una actividad que ofrece un entorno particularmente interesante para practicar esas habilidades: el ajedrez.
No porque el ajedrez convierta automáticamente a un niño en mejor estudiante ni porque exista evidencia suficiente para afirmar que “aumenta la inteligencia”. Su valor educativo es más concreto y, quizás por eso, más interesante:
el ajedrez crea situaciones en las que pensar antes de actuar, controlar los impulsos, mantener información en la mente, adaptarse a los cambios y aprender de los propios errores resulta necesario para avanzar.
La cultura de la inmediatez y el desafío de la atención
El artículo Chess in the Classroom: Critical Thinking Tools Teachers Swear By, publicado por ChessKid, recoge una preocupación expresada por docentes: actividades que antes conseguían mantener la atención durante períodos relativamente largos pueden resultar hoy más difíciles para algunos estudiantes, mientras que frente a una tarea compleja aparece con mayor frecuencia la búsqueda de atajos o recompensas inmediatas. ChessKid relaciona esta situación con un entorno digital caracterizado por estímulos rápidos y recompensas constantes. (ChessKid.com)
Conviene, sin embargo, ser cuidadosos. No podemos afirmar simplemente que “las pantallas están destruyendo la atención de los niños”. La realidad es mucho más compleja y depende del tipo de actividad, del contexto familiar y escolar, del contenido consumido y de muchos otros factores.
Pero existe una observación pedagógica que merece atención: aprender también requiere practicar la capacidad de permanecer frente a una dificultad sin recibir inmediatamente una recompensa.
Y aquí el ajedrez ofrece algo extraordinariamente sencillo. Una posición no se resuelve deslizando el dedo hacia el siguiente contenido.
Hay que pensar.
¿Qué tiene el ajedrez que resulta pedagógicamente interesante?
Una partida de ajedrez puede entenderse como una sucesión de pequeños ciclos de resolución de problemas:
observar → pensar → calcular → decidir → actuar → observar las consecuencias → corregir.
Cada movimiento modifica el problema. El oponente responde y obliga al jugador a reconsiderar sus planes. Una combinación que parecía prometedora puede dejar de funcionar. Una decisión impulsiva puede producir una consecuencia inmediata.
En otras palabras, el tablero proporciona retroalimentación concreta sobre nuestras decisiones.
Y eso permite trabajar varias habilidades cognitivas.
1. Control del impulso
Uno de los errores más habituales de un principiante es jugar la primera jugada que parece buena. Pero el ajedrez enseña progresivamente una pregunta fundamental:
“¿Qué puede hacer mi rival después de mi jugada?”
Esa pequeña pausa entre el impulso y la acción constituye una experiencia práctica de control cognitivo.
La psicóloga Adele Diamond identifica el control inhibitorio, la memoria de trabajo y la flexibilidad cognitiva como componentes centrales de las funciones ejecutivas. Estas permiten, entre otras cosas, resistir respuestas impulsivas, mantener información activa y adaptarse cuando cambian las circunstancias. (Annual Reviews)
El ajedrez no inventó estas capacidades, por supuesto. Pero una partida ofrece numerosas ocasiones para ponerlas en práctica.
2. Memoria de trabajo
Cuando un jugador calcula una variante, debe mantener en mente una posición que todavía no existe físicamente en el tablero.
“Si muevo el caballo, él captura; entonces yo recupero con el alfil y después…” Cada paso exige conservar información y manipularla mentalmente. Esto conecta con la definición de memoria de trabajo como la capacidad de mantener información activa mientras se trabaja con ella. (Annual Reviews)
La investigación sobre ajedrez también ha encontrado relaciones entre la habilidad ajedrecística y distintas capacidades cognitivas, aunque aquí es fundamental distinguir correlación de causalidad.
Un metaanálisis de Burgoyne y colaboradores encontró una correlación positiva entre habilidad ajedrecística y varias capacidades cognitivas, entre ellas razonamiento fluido, conocimiento-comprensión, memoria a corto plazo y velocidad de procesamiento. La correlación promedio fue aproximadamente r = 0,24. (ScienceDirect)
Esto nos dice que existe una relación entre ambas variables. No demuestra, por sí solo, que jugar ajedrez provoque un aumento de esas capacidades.
Esa distinción es fundamental.
3. Flexibilidad cognitiva
En ajedrez, nuestro plan pertenece al mundo de las intenciones.
La respuesta del rival pertenece al mundo de la realidad.
Y cuando ambas cosas no coinciden, hay que cambiar.
Una idea que parecía excelente puede quedar refutada por una sola jugada. El jugador debe abandonar su primera hipótesis, buscar otra explicación y construir un nuevo plan. Eso se relaciona estrechamente con la flexibilidad cognitiva: la capacidad de cambiar de perspectiva o estrategia cuando las condiciones lo requieren. (Annual Reviews)
Por eso una buena clase de ajedrez no debería limitarse a preguntar:
“¿Cuál es la mejor jugada?”
También debería preguntar:
“¿Por qué cambió tu decisión?”
Pensamiento sistémico: el tablero completo
Otro aprendizaje fundamental del ajedrez es que una pieza nunca existe completamente aislada.
Un caballo atacado puede estar defendido por un peón.
Ese peón puede estar clavado.
La clavada puede depender de la posición del rey.
Y el movimiento de una pieza aparentemente pequeña puede modificar toda la estructura.
El estudiante comienza entonces a pasar de una mirada local:
“Quiero capturar esa pieza.”
a una mirada más amplia:
“¿Qué cambia en la posición si hago esto?”
Esta transición desde una respuesta inmediata hacia la consideración de múltiples relaciones es una de las razones por las que el ajedrez resulta tan atractivo desde una perspectiva educativa.
El error como información
Quizás una de las características pedagógicas más poderosas del ajedrez sea su relación con el error. En una partida, podemos equivocarnos. Y la posición nos muestra las consecuencias. Pero la verdadera oportunidad educativa aparece después.
¿Por qué ocurrió?
¿Qué no vimos?
¿Calculamos una variante demasiado corta?
¿Olvidamos una pieza?
¿Confundimos nuestro plan con el del adversario?
¿Tomamos una decisión demasiado rápido?
El análisis posterior transforma el error en información.
Aquí aparece la metacognición: pensar sobre nuestro propio pensamiento.
Un estudio de Kazemi, Yektayar y Abad siguió durante seis meses a un grupo de estudiantes que recibió enseñanza de ajedrez y a un grupo de control. Los autores informaron mejores resultados en medidas de metacognición y resolución de problemas matemáticos entre los estudiantes que recibieron la intervención de ajedrez. (ScienceDirect)
Es un resultado interesante, pero nuevamente conviene evitar conclusiones excesivas: se trata de un estudio concreto y sus resultados no permiten afirmar que todo aprendizaje de ajedrez produzca automáticamente una mejora generalizada en matemáticas o metacognición.
¿Qué dice realmente la investigación sobre la transferencia?
Esta es probablemente la pregunta más importante.
Porque una cosa es aprender a jugar mejor al ajedrez.
Y otra muy diferente es que lo aprendido jugando ajedrez se transfiera a matemáticas, lectura, memoria o inteligencia general.
El metaanálisis de Giovanni Sala y Fernand Gobet, publicado en Educational Research Review, analizó 24 estudios, con 2.788 participantes en condiciones de enseñanza de ajedrez y 2.433 en grupos de control.
Encontraron un efecto global moderado (g = 0,338), con un efecto algo mayor en matemáticas (g = 0,382) que en lectura (g = 0,248). También encontraron una relación positiva entre la duración de las intervenciones y los resultados. (ScienceDirect)
Pero el mismo trabajo señala una limitación fundamental: ninguno de los estudios analizados reunía simultáneamente todas las características del diseño experimental ideal, incluyendo asignación aleatoria completa y controles tanto activos como pasivos. (ScienceDirect)
Por eso sería incorrecto convertir estos resultados en:
“La ciencia demuestra que el ajedrez aumenta la inteligencia.”
La evidencia permite una afirmación mucho más prudente:
La investigación ha encontrado efectos positivos de la enseñanza del ajedrez en algunas medidas académicas y cognitivas, pero la magnitud de esos efectos y su transferencia a otros ámbitos siguen siendo objeto de investigación.
Y esa conclusión, aunque menos espectacular, resulta mucho más interesante.
¿Y las funciones ejecutivas?
La investigación más reciente continúa explorando esta cuestión.
Un estudio publicado en Frontiers in Psychology en 2025 comparó a 88 niños de 5 y 6 años, divididos entre quienes asistían a clases extracurriculares de ajedrez y quienes no.
Los niños que participaban en clases de ajedrez obtuvieron mejores resultados en determinadas medidas de memoria de trabajo visuoespacial. (Frontiers)
Sin embargo, hay que prestar atención a una palabra del título del estudio:
“cross-sectional” — transversal.
Eso significa que los investigadores compararon grupos en un momento determinado. Por lo tanto, el estudio muestra una asociación, pero no permite establecer por sí solo que las clases de ajedrez hayan causado las diferencias observadas. Los propios autores presentan sus conclusiones en términos de potencial y señalan la necesidad de seguir investigando. (Frontiers)
Esta cautela no debilita el argumento educativo.
Lo hace más serio.
Entonces, ¿el ajedrez mejora la inteligencia?
La respuesta más responsable es:
No deberíamos plantearlo de esa manera.
La investigación muestra relaciones entre ajedrez y diversas capacidades cognitivas, y algunos estudios de intervención encuentran efectos positivos en determinadas habilidades. Pero también existen problemas metodológicos y resultados heterogéneos.
Además, una investigación puede encontrar que los buenos jugadores de ajedrez poseen determinadas características cognitivas sin demostrar que esas características hayan sido producidas por el ajedrez.
La diferencia entre correlación, causalidad y transferencia es esencial. Y precisamente enseñar esa diferencia también forma parte de enseñar a pensar.
Más que un juego: un laboratorio de decisiones
Quizás aquí encontremos la verdadera fortaleza educativa del ajedrez.
El ajedrez no necesita prometer que convertirá a un niño en un genio.
Su valor puede estar en algo mucho más cotidiano.
Durante una partida, un estudiante practica una y otra vez situaciones como estas:
Tengo que esperar.
Tengo que observar.
No puedo mover todavía.
Tengo varias posibilidades.
¿Qué ocurrirá después?
Mi primera idea no funcionó.
Tengo que cambiar de plan.
Me equivoqué.
¿Por qué?
¿Qué puedo hacer diferente la próxima vez?
Es difícil imaginar un laboratorio más sencillo para trabajar estos procesos.
Del tablero físico a la tecnología
Esto tampoco significa que debamos enfrentar ajedrez y tecnología. La tecnología puede ser una extraordinaria aliada del aprendizaje ajedrecístico.
Plataformas educativas, entrenadores, bases de partidas, análisis con motores y herramientas interactivas permiten ofrecer al estudiante nuevas formas de practicar y recibir retroalimentación.
La cuestión pedagógica no es simplemente “pantalla sí o pantalla no”.
La pregunta debería ser:
¿Qué está haciendo el estudiante con la tecnología?
No es lo mismo consumir pasivamente cientos de contenidos breves que utilizar una herramienta digital para analizar una partida propia, formular una hipótesis, comprobarla y volver al tablero.
En el primer caso, la tecnología puede proporcionar entretenimiento.
En el segundo, puede convertirse en una herramienta de pensamiento.
El verdadero desafío para el profesor de ajedrez
Todo esto plantea también una responsabilidad para quienes enseñamos. No basta con llenar una clase de ejercicios. Tenemos que enseñar procesos de pensamiento.
En lugar de entregar inmediatamente la respuesta, podemos preguntar:
¿Qué ves?
¿Qué amenazas existen?
¿Qué candidatos tienes?
¿Qué podría responder tu rival?
¿Qué cambia si eliges esta jugada?
¿Por qué descartaste la otra?
¿Qué aprendiste de tu error?
De esta manera, el objetivo deja de ser únicamente encontrar la jugada correcta.
El objetivo es aprender a encontrarla.
Y esa diferencia cambia completamente la experiencia educativa.
El ajedrez no es una solución mágica
Conviene terminar con una advertencia.
El ajedrez no sustituye una buena enseñanza, una alimentación adecuada, el descanso, la actividad física, el vínculo familiar ni las experiencias sociales.
Tampoco debemos utilizarlo para prometer mejoras automáticas en inteligencia, matemáticas o rendimiento escolar. La evidencia científica disponible es interesante, pero todavía tiene limitaciones.
Lo que sí podemos afirmar con bastante seguridad es que el ajedrez constituye una actividad intelectualmente exigente que pone en juego procesos como la atención, el control inhibitorio, la memoria de trabajo, la planificación y la flexibilidad cognitiva; precisamente varias de las funciones ejecutivas descritas en la literatura psicológica. (Annual Reviews)
Y cada partida ofrece algo que la educación necesita desesperadamente:
tiempo para pensar antes de actuar.
Enseñar a pensar
Quizás por eso el ajedrez tenga un lugar tan interesante en la educación contemporánea. No porque sea una especie de medicamento contra las pantallas. No porque produzca automáticamente niños más inteligentes. No porque cada partida vaya a mejorar sus notas. Sino porque frente a un tablero un niño descubre algo muy sencillo:
sus decisiones tienen consecuencias.
Y aprende, jugada tras jugada, que antes de actuar puede detenerse.
Puede observar.
Puede imaginar.
Puede equivocarse.
Puede cambiar de estrategia.
Y puede volver a intentarlo.
En una época acostumbrada a la respuesta inmediata, enseñar a detenerse a pensar puede ser una de las habilidades más valiosas que podemos ofrecer.
El ajedrez no solo enseña a jugar.
Enseña a pensar antes de actuar.
Referencias
Burgoyne, A. P., Sala, G., Gobet, F., Macnamara, B. N., Campitelli, G. & Hambrick, D. Z. (2016). The relationship between cognitive ability and chess skill: A comprehensive meta-analysis. Intelligence, 59, 72–83. (ScienceDirect)
Diamond, A. (2013). Executive Functions. Annual Review of Psychology, 64, 135–168. (Annual Reviews)
Kazemi, F., Yektayar, M. & Abad, A. M. B. (2012). Investigation the impact of chess play on developing meta-cognitive ability and math problem-solving power of students at different levels of education. Procedia – Social and Behavioral Sciences, 32, 372–379. (ScienceDirect)
Miyake, A., Friedman, N. P., Emerson, M. J., Witzki, A. H., Howerter, A. & Wager, T. D. (2000). The Unity and Diversity of Executive Functions and Their Contributions to Complex “Frontal Lobe” Tasks: A Latent Variable Analysis. Cognitive Psychology, 41, 49–100. (ScienceDirect)
Sala, G. & Gobet, F. (2016). Do the benefits of chess instruction transfer to academic and cognitive skills? A meta-analysis. Educational Research Review, 18, 46–57. (ScienceDirect)
Yakushina, A., Chichinina, E. & Dolgikh, A. (2025). Chess classes and executive function skills in 5–6 years old children: evidence from cross-sectional study. Frontiers in Psychology, 16, 1564963. (Frontiers)
ChessKid. Chess in the Classroom: Critical Thinking Tools Teachers Swear By. Artículo de divulgación pedagógica sobre ajedrez y pensamiento crítico en el aula. (ChessKid.com)
